Tema 36 de 36Filosofía

Lógica II: falacias no formales

Descubre cómo detectar y clasificar falacias no formales, esos errores persuasivos que hacen parecer válido un argumento; aprenderás a identificar manipulación en discursos cotidianos.

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Lógica II: Falacias no formales

El porqué del tema

¿Para qué estudiamos este tema?

En el tema anterior, «Lógica I: Teoría de la argumentación», aprendiste que un argumento es un conjunto de proposiciones en el que unas premisas pretenden justificar una conclusión. Allí quedó clara una distinción esencial: la validez de un razonamiento depende de su forma, pero en la vida cotidiana la mayoría de los razonamientos no se presentan en símbolos, sino en lenguaje natural, cargado de emociones, intereses y ambigüedades. Por eso, un argumento incorrecto puede parecer fuerte, persuasivo e incluso convincente.

Este tema responde a una pregunta muy práctica: ¿cómo detectar los errores de razonamiento que no se ven en la forma lógica, pero que vuelven engañoso un argumento? Esos errores son las falacias no formales. Estudiarlas te sirve para distinguir cuándo un discurso político, publicitario, judicial, académico o cotidiano está manipulándote con un argumento que no prueba lo que dice. En el examen de admisión de San Marcos, este tema es recurrente: se presentan casos concretos y se pide identificar la falacia cometida. Por eso no basta memorizar definiciones; hay que aprender a reconocer el patrón en ejemplos nuevos.

Aquí aprenderás, primero, a diferenciar falacias formales y no formales; luego, la clasificación de las no formales en falacias de atingencia y falacias de ambigüedad; y, dentro de cada clase, cada falacia con sus características y ejemplos. Además, afianzarás la distinción entre razonamiento deductivo, inductivo y falaz, que ya estudiaste en el tema anterior y que el examen evalúa junto con este contenido.

Antes de empezar

Lo que necesitas saber antes

Antes de entrar a las falacias no formales conviene recordar brevemente los conceptos del tema de Teoría de la argumentación.

Un argumento es un conjunto de proposiciones donde una o varias (las premisas) pretenden apoyar otra (la conclusión). Un argumento es deductivo cuando se supone que las premisas garantizan de manera necesaria la conclusión; es decir, si las premisas son verdaderas, la conclusión no puede ser falsa. Un argumento es inductivo cuando las premisas otorgan un apoyo probable, pero no necesario, a la conclusión. En la abducción, en cambio, se infiere una explicación plausible a partir de una observación.

La diferencia es clave: que un argumento sea inductivo no significa que sea inválido. La inducción es un tipo legítimo de razonamiento que solo da probabilidad, no certeza.

Por otro lado, la validez deductiva es una propiedad formal: un argumento es válido cuando su forma lógica garantiza que de premisas verdaderas se obtiene una conclusión verdadera. Un argumento es correcto (o sólido) si es válido y sus premisas son verdaderas.

Las falacias formales son argumentos deductivos no válidos que parecen válidos por su semejanza con reglas de inferencia válidas. Un ejemplo clásico es la falacia de afirmación del consecuente, cuya forma es [(p→q)∧q]→p[(p \to q) \land q] \to p. Si bien se parece al modus ponens, no lo es: que se dé qq no garantiza que se haya dado pp.

Una tautología es una fórmula lógica verdadera en todas sus interpretaciones; una contingencia es verdadera en algunas y falsa en otras. Los argumentos válidos corresponden a tautologías; los falaces, como la afirmación del consecuente, corresponden a contingencias.

Con estos recordatorios, pasemos al tema central.

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1. ¿Qué es una falacia no formal?

Una falacia es un razonamiento incorrecto que aparenta validez. Esa apariencia es lo que la hace peligrosa: el error no suele ser evidente y por eso persuade. A veces se llama sofisma a un razonamiento falaz con intención de engañar.

Las falacias se dividen en dos grandes grupos:

  • Falacias formales: errores que surgen del uso incorrecto de las leyes lógicas, es decir, de la forma del razonamiento. Se cometen en el lenguaje simbólico y se detectan analizando la estructura lógica. Ejemplos: la afirmación del consecuente y la negación del antecedente.
  • Falacias no formales: razonamientos incorrectos que se cometen en el lenguaje natural. Aquí el error no está en la forma lógica, sino en el contenido, en la falta de pertinencia de las premisas, en la manipulación emocional o en la ambigüedad del lenguaje. Son sumamente persuasivas porque apelan a aspectos psicológicos, sociales o lingüísticos.

Las falacias no formales se subdividen clásicamente en dos tipos:

  1. Falacias de atingencia: las premisas no son lógicamente pertinentes para la conclusión, pero existe una conexión psicológica o emocional que las hace parecer relevantes.
  2. Falacias de ambigüedad: el error se produce por un uso incorrecto del lenguaje, ya sea por términos con doble significado o por estructuras gramaticales ambiguas.

Figura 1. Clasificación de las falacias

En el lenguaje natural, un argumento puede ser incorrecto aunque las premisas y la conclusión sean verdaderas, porque lo que falla es la conexión entre ellas.

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2. Falacias de atingencia

En estas falacias, la conclusión no se deriva lógicamente de las premisas; sin embargo, se logra una conexión psicológica por la emotividad del lenguaje o por la presión social. Son las más frecuentes en el discurso político y publicitario. Veamos una por una.

2.1 Argumentum ad hominem (contra la persona)

Se comete cuando, en lugar de refutar la tesis de una persona, se ataca a la persona misma: su vida privada, su carácter, sus intereses, su pasado. La idea es desacreditar al emisor para que su argumento parezca falso. Es falaz porque la verdad de una afirmación no depende de quién la dice.

Ejemplo: «No leas los libros de Nietzsche; recuerda que era misógino, ateo y murió loco.» Aquí no se está discutiendo el contenido de la filosofía de Nietzsche, sino al filósofo. Puede que esos datos fueran ciertos, pero no refutan sus ideas.

Una variante es el ad hominem circunstancial, en el que se atacan las circunstancias o intereses de la persona: «Tú defiendes la reducción de impuestos porque eres empresario.» Otra es el tu quoque («tú también»): «¿Cómo me dices que no mienta, si tú también mientes a veces?»

Esta falacia es distinta de una crítica legítima a la credibilidad de un testigo en un juicio. Para refutar una tesis hay que mostrar que el argumento es malo, no que la persona es mala.

2.2 Argumentum ad baculum (apelación a la fuerza)

Se comete cuando se recurre a la amenaza, la coacción o el miedo para que se acepte una conclusión. No se presentan razones lógicas; se exhibe o insinúa un daño si no se acepta la tesis. La amenaza puede ser física o sutil, como la amenaza a intereses, empleo o reputación.

Ejemplo: «Tengo un enorme arsenal nuclear y puedo usarlo en cualquier momento; por tanto, apoye mi política.» O «Si no apruebas mi ley, cerraré el Congreso.»

Esta falacia es común en contextos autoritarios. No se trata de una advertencia legítima sobre consecuencias reales, sino de usar la fuerza como sustituto de la razón.

2.3 Argumentum ad verecundiam (apelación indebida a la autoridad)

Se comete al apelar a la fama, el prestigio o la autoridad de una persona que no es experta en el tema discutido, para dar por verdadera una conclusión. No todo recurso a una autoridad es falaz: si se cita a un especialista legítimo dentro de su campo, puede ser un argumento de autoridad aceptable. Lo falaz es usar la fama como argumento en un área ajena.

Ejemplo: «La materia no es eterna porque el científico Albert Einstein lo afirma.» Einstein es un físico brillante, pero su autoridad en física no zanja una cuestión metafísica; además, un argumento debe sostenerse por sus pruebas, no solo por quién lo dice.

Esta falacia es frecuente en publicidad: «Compre este producto porque un futbolista famoso lo recomienda.»

2.4 Argumentum ad misericordiam (apelación a la piedad)

Se comete cuando se apela a la compasión o a la pena para que se acepte una conclusión, en lugar de ofrecer razones que la respalden. Es típica en juicios, cuando la defensa no puede rebatir las pruebas y pide clemencia por la situación personal del acusado.

Ejemplo: «Profesor, usted debe aprobarme; soy huérfano, trabajo y tengo que mantener a mis hermanos.» Esas circunstancias pueden ser reales y conmovedoras, pero no demuestran que el alumno dominó el curso. La piedad no es una premisa lógica.

2.5 Argumentum ad populum (apelación al pueblo, a la mayoría)

Se comete cuando se trata de sustentar una conclusión apelando a que la mayoría la acepta, la apoya o la practica. La idea subyacente es que «si muchos lo creen, debe ser verdadero» o «si la mayoría lo pide, debe ser correcto». Es un recurso clásico de demagogos y propagandistas.

Puede tomar varias formas: apelar a la popularidad («un millón de personas usa este producto, por tanto es el mejor»), a la tradición («siempre se hizo así»), o a la galería («el pueblo me lo pidió»).

Ejemplo: «Cerré el Congreso porque el pueblo me lo pidió.» Aunque fuera cierto que muchos lo pidieron, eso no convierte la medida en justificada; no se ofrecen razones jurídicas o políticas.

2.6 Argumentum ad ignorantiam (apelación a la ignorancia)

Se comete cuando se concluye que una proposición es verdadera porque no se ha demostrado su falsedad, o que es falsa porque no se ha demostrado su verdad. La falta de prueba no es prueba; por eso el argumento es falaz.

Ejemplos: «Los extraterrestres existen, porque nadie ha probado lo contrario.» O al revés: «Los extraterrestres no existen, porque nadie ha probado su existencia.» Ambos son falaces si la conclusión se basa exclusivamente en la ausencia de evidencia.

Esta falacia es común en temas pseudocientíficos y sobrenaturales. En ciencia, la ausencia de evidencia puede tener peso en ciertos contextos, pero en lógica argumental no justifica la verdad o falsedad.

2.7 Causa falsa (non causa pro causa)

Se comete al establecer una relación causal entre dos hechos sin que exista evidencia real de esa conexión. Muchas veces se apoya en la simple sucesión temporal (post hoc ergo propter hoc: «después de esto, por tanto, a causa de esto») o en una correlación casual.

Ejemplos: «La selección perdió porque jugó un martes 13» (la fecha no es causa de la derrota). «Nunca paso por debajo de una escalera, porque trae mala suerte» (no hay conexión causal entre la escalera y la suerte). «No fue sino hasta que se empezó a enseñar anticoncepción que las jóvenes quedaron embarazadas; por tanto, la educación sexual causó los embarazos» (confunde sucesión con causalidad).

2.8 Petición de principio (petitio principii)

Se comete al asumir como premisa aquello que se debe probar como conclusión, con lo cual el argumento es circular. La conclusión no recibe apoyo independiente, porque ya estaba contenida en las premisas.

Ejemplo clásico: «Soy el líder porque tengo más perlas.» «¿Y por qué tienes más perlas?» «Porque soy el líder.» La afirmación «soy el líder» se justifica con «tengo más perlas», y «tengo más perlas» se justifica con «soy el líder»: no hay salida del círculo.

Otro ejemplo: «Dios existe porque la Biblia lo dice; y la Biblia es palabra de Dios.» Aquí se presupone la existencia de Dios para probar que la Biblia es palabra de Dios, y se usa la Biblia para probar que Dios existe.

2.9 Pregunta compleja

Se comete al formular una pregunta que presupone algo que no ha sido probado, de modo que cualquier respuesta directa acepta esa presuposición. Es una falacia porque obliga al interlocutor a responder dentro de un marco ya cargado.

Ejemplo: «¿Dejaste de robar?» Si respondes «sí» o «no», estás aceptando que robabas antes. Otro: «¿Por qué los políticos son deshonestos?» presupone que todos los políticos son deshonestos.

No hay que confundirla con una pregunta legítima que incluye presuposiciones razonables. La falacia aparece cuando la presuposición es dudosa o falsa.

2.10 Falso dilema (o falsa dicotomía)

Se comete cuando se presentan dos opciones como si fueran las únicas posibles, cuando en realidad existen otras posiciones intermedias o alternativas. Al cerrar artificialmente el abanico de opciones, se fuerza al interlocutor a elegir una de las dos.

Ejemplo: «Si no estás conmigo, estás contra mí.» Ignora la posibilidad de ser neutral, de estar parcialmente de acuerdo o de proponer una tercera vía. Otro: «O apoyas la guerra o eres antipatriota.»

2.11 Ignoratio elenchi (conclusión inatingente)

Es una falacia general que consiste en probar una conclusión distinta de la que estaba en cuestión, desviando la atención. A veces se la llama «falacia de ignorancia del asunto». Por ejemplo, en un juicio, el fiscal describe con dramatismo la crueldad del delito, pero no aporta pruebas de que el acusado lo cometió. La conclusión que se demuestra (el delito es terrible) no es la que se debía probar (el acusado es culpable). No fue evaluada con frecuencia en los últimos exámenes, pero es útil conocerla porque explica la lógica de muchas falacias de atingencia.

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3. Falacias de ambigüedad

Las falacias de ambigüedad no dependen de la falta de pertinencia, sino de la imprecisión o ambigüedad del lenguaje. En ellas, una palabra o una estructura gramatical cambia de significado en el curso del argumento, de modo que la conclusión se apoya en ese desplazamiento.

3.1 Equívoco (falacia semántica)

Se produce cuando se usa una misma palabra o expresión con más de un significado dentro del mismo razonamiento, y la conclusión se obtiene aprovechando ese cambio de sentido. La palabra es la misma, pero el sentido es distinto.

Ejemplo clásico: «El fin de una cosa es su perfección; la muerte es el fin de la vida; por lo tanto, la muerte es la perfección de la vida.» Aquí «fin» significa, en la primera premisa, «finalidad» o «meta»; en la segunda, «término» o «cese». El argumento juega con ambos sentidos para producir una conclusión absurda.

Otro ejemplo: «Todo lo blanco es sinónimo de pulcritud; por lo tanto, si eres blanco, eres pulcro.» Aquí «blanco» se usa como color y como cualidad moral, generando un equívoco.

3.2 Énfasis (o acento)

Se produce cuando se altera el significado de una afirmación al resaltar o acentuar una parte de ella, de modo que el sentido cambia según qué palabra se subraye. En lenguaje escrito, esto puede lograrse con comillas, cursivas o sacando una frase de contexto; en lenguaje oral, con la entonación.

Ejemplo: «Nosotros no robamos» (con énfasis en «nosotros» sugiere que otros sí roban). O «Mario dijo que Pedro es inteligente» (el énfasis en «Pedro» puede insinuar que otros no lo son). El significado original se distorsiona.

3.3 Anfibología (falacia sintáctica)

Se produce cuando la ambigüedad no proviene de una palabra con doble sentido, sino de la estructura gramatical de la oración, que permite interpretaciones diferentes. Es una falacia sintáctica, no semántica.

Ejemplo: «Mario fue a visitar a Pedro en su auto.» ¿De quién es el auto? La estructura no permite saber si es de Mario o de Pedro. Otro: «Se venden zapatos para damas de cuero blanco» (¿la dama es de cuero blanco o los zapatos son de cuero blanco?). La ambigüedad puede hacer que una conclusión se base en una interpretación equivocada.

3.4 Composición

Se comete al atribuir al todo las propiedades que tienen sus partes, como si el paso de las partes al todo estuviera siempre garantizado. Es falaz cuando la propiedad no se transfiere legítimamente al conjunto.

Ejemplo: «Cada uno de los artículos del Código Civil es breve; por lo tanto, el Código Civil es breve.» No necesariamente: un conjunto de textos breves puede ser muy extenso. Otro: «Todas las hojas de mi libro son livianas; por tanto, mi libro es liviano» (aunque podría serlo, si la suma de pesos es liviana; la falacia está en asumir que la propiedad se transfiere sin más).

La falacia de composición también puede ir de un aspecto o acto particular a la totalidad de una persona o institución. Por ejemplo: «Este artista realizó un acto indigno; por lo tanto, es una persona indigna.» Se toma una parte de su conducta y se concluye sobre el carácter completo.

3.5 División

Es la falacia inversa a la composición: se comete al atribuir a las partes las propiedades del todo. Se supone que lo que es verdadero del conjunto debe ser verdadero de cada una de sus partes, lo cual no siempre es válido.

Ejemplo: «La empresa donde trabajas es corrupta; por lo tanto, tú también debes serlo.» La corrupción de la institución no se transfiere automáticamente a cada empleado. Otro: «La selección de fútbol es la mejor del mundo; por tanto, cada uno de sus jugadores es el mejor del mundo.» Un equipo puede ser excelente sin que todos sus integrantes lo sean individualmente.

Cuidado

Errores frecuentes

Al estudiar falacias no formales, es común confundir unas con otras. Presta atención a las siguientes distinciones:

Confusión Diferencia clave
Ad hominem vs. ad baculum En ad hominem se ataca a la persona para desacreditar su argumento; en ad baculum se amenaza o intimida para forzar la aceptación.
Ad populum vs. ad verecundiam En ad populum la «autoridad» es la mayoría o el pueblo; en ad verecundiam es una persona famosa o supuesta autoridad.
Causa falsa vs. ad ignorantiam En causa falsa se afirma una relación causal sin evidencia; en ad ignorantiam se concluye a partir de la falta de prueba.
Petición de principio vs. argumento deductivo válido En petición de principio la conclusión ya está presupuesta en las premisas; en un argumento válido la conclusión puede derivarse de premisas independientes.
Equívoco vs. anfibología El equívoco es por una palabra con doble sentido; la anfibología es por la estructura gramatical ambigua.
Composición vs. división Composición va de las partes al todo; división va del todo a las partes.
Falacia no formal vs. mentira Una falacia no formal no es lo mismo que una falsedad; se puede cometer falacia con premisas verdaderas si no hay pertinencia lógica.
Inducción vs. falacia La inducción es un razonamiento legítimo que otorga probabilidad, no certeza; no es una falacia por sí misma.

Aprende resolviendo

Ejemplos resueltos

A continuación, cuatro ejemplos de dificultad creciente, resueltos paso a paso.

Ejemplo 1 (básico): identificar una falacia de atingencia

Enunciado: En un debate sobre la legalización de las drogas, un participante dice: «No debemos escuchar al doctor Pérez; él es una persona muy conflictiva, hace años se divorció y se le vio en una fiesta escandalosa.» ¿Qué falacia comete?

Paso a paso:

  1. Identificar la estructura del argumento. La conclusión implícita es «no debemos escuchar al doctor Pérez» o, más precisamente, «sus argumentos sobre la legalización no deben ser considerados». La premisa ofrecida es un conjunto de datos personales: es conflictivo, se divorció, estuvo en una fiesta.
  2. Preguntar: ¿las premisas son pertinentes para la conclusión? No, porque los datos personales no dicen nada sobre la calidad de sus argumentos. La verdad de una tesis no depende de la vida privada de quien la defiende.
  3. Identificar el patrón falaz. Al atacar a la persona y no a sus argumentos, se incurre en argumentum ad hominem.
  4. Conclusión: La falacia es ad hominem.

Ejemplo 2 (medio): detectar un equívoco

Enunciado: «El azúcar es energía; la energía es lo que mueve al mundo; por lo tanto, el azúcar es lo que mueve al mundo.» ¿Qué falacia se comete?

Paso a paso:

  1. Analizar los términos. La palabra clave es «energía». En la primera premisa, «el azúcar es energía» usa «energía» en un sentido químico o calórico: el azúcar aporta energía al organismo. En la segunda, «la energía es lo que mueve al mundo» usa «energía» en un sentido físico general o incluso metafórico (fuerza, impulso).
  2. Observar el desplazamiento de significado. El argumento utiliza la misma palabra, pero con significados distintos en cada premisa. Como la conclusión se apoya en ese doble sentido, el razonamiento es inválido.
  3. Identificar el patrón. Cuando una palabra cambia de significado en el curso del argumento, se comete equívoco, una falacia de ambigüedad semántica.
  4. Conclusión: La falacia es equívoco.

Ejemplo 3 (medio-alto): composición o causa falsa

Enunciado: «Cada jugador de la selección peruana es excelente individualmente; por lo tanto, la selección peruana será un excelente equipo.» ¿Qué falacia se comete?

Paso a paso:

  1. Identificar el movimiento del razonamiento. Se parte de una propiedad de las partes (cada jugador es excelente) y se concluye una propiedad del todo (el equipo será excelente).
  2. Preguntar: ¿la propiedad se transfiere necesariamente de las partes al todo? No, porque la calidad de un equipo no depende solo de las habilidades individuales; también influyen la coordinación, la estrategia, el entrenamiento, etc. Puede haber jugadores excelentes y un mal equipo.
  3. Distinguir de otras falacias. No es causa falsa, porque no se afirma que los jugadores causen el éxito del equipo de manera espuria; es un problema de transferencia de propiedades. Tampoco es división, porque va de las partes al todo, no del todo a las partes.
  4. Identificar el patrón. El paso indebido de las partes al todo es composición.
  5. Conclusión: La falacia es composición.

Ejemplo 4 (alto): análisis de un discurso con varias falacias

Enunciado: Un congresista defiende la aprobación de una ley de censura de prensa con este discurso: «Esta ley debe aprobarse porque la mayoría de ciudadanos la respalda. Además, quien no la apoye es un traidor a la patria.» ¿Qué falacias se cometen y cuál es la principal?

Paso a paso:

  1. Descomponer el discurso en argumentos.
    • Primer argumento: «La mayoría la respalda; por lo tanto, debe aprobarse.»
    • Segundo argumento: «Quien no la apoye es un traidor; por lo tanto, hay que apoyarla.»
  2. Analizar el primer argumento. La premisa es que la mayoría respalda la ley. La conclusión es que debe aprobarse. ¿El respaldo mayoritario justifica la aprobación? No necesariamente: una mayoría puede estar equivocada o manipularse. Aquí se comete argumentum ad populum.
  3. Analizar el segundo argumento. Se presenta una disyuntiva: «o apoyas la ley o eres un traidor». ¿Son esas las únicas opciones? No, se puede no apoyar la ley por razones válidas, sin ser traidor. Se está cerrando artificialmente el abanico, lo que constituye falso dilema. Además, la etiqueta de «traidor» funciona como una amenaza o injuria que presiona, lo que también podría relacionarse con ad hominem o ad baculum, pero el error lógico más claro es el falso dilema.
  4. Determinar la falacia principal. Si la pregunta pidiera una sola, la más evidente en el conjunto es la apelación a la mayoría (ad populum), porque es la que se explicita primero y sostiene la propuesta. Sin embargo, el segundo elemento contiene un falso dilema. En un análisis completo, señalaremos ambas.
  5. Conclusión: El discurso comete ad populum y falso dilema; según el énfasis de la pregunta, la principal es ad populum si se refiere al respaldo mayoritario.

Lo que viene

Hacia el siguiente tema

Al dominar las falacias no formales, has aprendido a evaluar argumentos en lenguaje natural y a no confundir persuasión con validez. Este conocimiento te será de gran utilidad para el siguiente tema, en el que pasarás del análisis crítico de argumentos a la estructura formal de los razonamientos deductivos clásicos: el silogismo categórico. Allí estudiarás cómo la disposición de los términos y las proposiciones categóricas garantizan o no la validez, cerrando así el bloque de lógica con herramientas para evaluar argumentos tanto por su forma como por su contenido.

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