
Bases biológicas de la conducta
Comprenderás cómo el sistema nervioso genera la conducta y la vida psíquica, y aprenderás a identificar neuronas, estructuras del encéfalo y sus funciones en casos concretos.
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Bases biológicas de la conducta I
El porqué del tema
¿Para qué estudiamos este tema?
En los temas anteriores, especialmente al revisar los métodos de la psicología, vimos que esta disciplina busca describir, explicar y predecir la conducta y los procesos mentales. Para lograrlo, la psicología no parte de la nada: necesita conocer el órgano y los sistemas que hacen posible que sintamos, pensemos, recordemos, nos emocionemos y actuemos. Ese soporte material es el sistema nervioso.
Estudiar las bases biológicas de la conducta tiene un propósito central: responder a la pregunta ¿cómo produce el sistema nervioso la conducta y la vida psíquica? Si la psicología no comprendiera este fundamento, sería imposible explicar por qué una lesión cerebral cambia la personalidad, por qué una emoción acelera el corazón o por qué la maduración del cerebro influye en la toma de decisiones de un adolescente.
Este tema es altamente evaluado en el examen de admisión de la UNMSM. La razón es práctica: las preguntas suelen presentar casos concretos (un accidente, una emoción, una tarea cognitiva) y piden identificar qué estructura del sistema nervioso está involucrada o qué función se alteró. Por eso, no basta memorizar nombres; hay que entender qué hace cada estructura, qué ocurre cuando se daña y cómo se relaciona con la conducta. En este primer bloque nos centraremos en la neurona, la organización general del sistema nervioso, las estructuras del encéfalo y sus funciones, y los sistemas que conectan el cerebro con el cuerpo. Lo aprendido aquí será el cimiento para el siguiente tema, donde se ampliarán aspectos como el sistema endocrino y la genética de la conducta.
Antes de empezar
Lo que necesitas saber antes
Para que el tema resulte claro, conviene recordar tres ideas básicas:
- Célula: es la unidad mínima de los seres vivos. Los organismos están formados por células especializadas: musculares, óseas, nerviosas, etc.
- Estímulo y respuesta: un estímulo es cualquier cambio del ambiente externo o interno capaz de provocar una reacción en el organismo; la respuesta es la actividad que el organismo realiza frente a ese estímulo. Ejemplo: el calor intenso (estímulo) provoca retirar la mano (respuesta).
- Homeostasis: es el equilibrio interno del organismo (temperatura, nivel de agua, glucosa, etc.). Gran parte del sistema nervioso trabaja para conservar ese equilibrio.
Con estas ideas, podemos entrar al estudio del sistema que recibe información, la procesa y genera respuestas.
El sistema nervioso: base material de la conducta
La psicología entiende la conducta como el conjunto de actividades observables y también como los procesos internos (pensamientos, emociones, memorias) que la acompañan. Esas actividades dependen de un sistema de comunicación extraordinariamente rápido y complejo: el sistema nervioso.
El sistema nervioso cumple cuatro grandes funciones:
- Recepción de información: capta estímulos del ambiente externo (luz, sonido, temperatura) y del medio interno (sed, hambre, dolor visceral).
- Transmisión de información: conduce los mensajes hacia los centros de procesamiento y desde estos hacia los órganos, músculos y glándulas.
- Coordinación e integración: relaciona la información recibida con la almacenada y produce una respuesta organizada.
- Regulación y supervisión: controla y supervisa las funciones de los distintos sistemas del cuerpo.
El sistema nervioso se divide clásicamente en sistema nervioso central (SNC) y sistema nervioso periférico (SNP). El SNC está formado por el encéfalo (cerebro, cerebelo y tronco encefálico) y la médula espinal. El SNP está formado por los nervios que conectan el SNC con el resto del cuerpo, y se subdivide en sistema nervioso somático y sistema nervioso autónomo o vegetativo.
Figura 1. Esquema de la división del sistema nervioso
La neurona: unidad estructural y funcional
Todo el sistema nervioso está constituido por un tipo especial de célula: la neurona. Es la unidad básica, funcional y estructural del sistema nervioso. Su función esencial es producir y transmitir el impulso nervioso, una señal electroquímica que viaja a gran velocidad.
En el encéfalo humano hay entre 100 000 millones y un billón de neuronas. A diferencia de otras células, las neuronas no se regeneran ni se reproducen con facilidad, porque no tienen desarrollados los centrosomas; por eso, cuando mueren, su pérdida suele ser definitiva. Están acompañadas y protegidas por las células gliales, que sí se reproducen y las superan en cantidad unas 50 veces.
Partes de la neurona
La neurona típica tiene cuatro regiones principales:
- Cuerpo celular o soma: contiene el núcleo y la mayor parte del citoplasma. Integra la información que recibe y decide si se genera un impulso nervioso.
- Dendritas: ramificaciones cortas que salen del soma. Su tarea es recibir los estímulos de los receptores sensoriales o de otras neuronas.
- Axón: prolongación larga y única que conduce el impulso nervioso desde el soma hasta los botones terminales. Suele estar cubierto por una vaina de mielina, que acelera la conducción.
- Botones terminales o presinápticos: estructuras abultadas al final del axón. Contienen vesículas con neurotransmisores, las sustancias químicas con las que la neurona se comunica con la siguiente célula.
La información en la neurona viaja en un solo sentido: dendritas → soma → axón → botones terminales.
Esquema de una neurona con sus partes y dirección del impulso nervioso
Tipos de neuronas
Según la dirección en la que transmiten la información, se distinguen tres tipos:
- Neuronas aferentes o sensoriales: llevan información desde los receptores sensoriales (piel, ojos, oídos, etc.) hacia el SNC.
- Neuronas eferentes o motoras: llevan información desde el SNC hacia los efectores (músculos o glándulas).
- Interneuronas o neuronas de asociación: conectan neuronas aferentes con neuronas eferentes dentro del SNC. Son las más numerosas y permiten el procesamiento complejo de la información.
La sinapsis y los neurotransmisores
Las neuronas no están unidas físicamente unas a otras; se comunican a través de un espacio microscópico llamado hendidura sináptica. La sinapsis es la unión funcional entre una neurona y otra, o entre una neurona y un órgano efector.
En la mayoría de los casos, la sinapsis es de tipo químico: cuando el impulso nervioso llega al botón terminal, se liberan neurotransmisores a la hendidura sináptica. Estos se unen a los receptores de la neurona siguiente y provocan una respuesta excitatoria o inhibitoria.
Algunos neurotransmisores importantes para la conducta son:
| Neurotransmisor | Acción | Algunas funciones |
|---|---|---|
| Acetilcolina | Excitatoria o inhibitoria | Memoria, velocidad de procesamiento cerebral, control de músculos voluntarios |
| Epinefrina y norepinefrina | Inhibidora y excitatoria | Estado de alerta, energía, activación en situaciones de emergencia |
Aunque no todas las preguntas de admisión profundizan en neurotransmisores, conviene recordar que son el puente químico entre la actividad neuronal y la conducta observable.
Sistema nervioso central: encéfalo y médula espinal
El sistema nervioso central integra y coordina las funciones orgánicas. Procesa los mensajes neuronales y envía órdenes a las distintas partes del cuerpo a través del sistema periférico. Está formado por dos grandes estructuras: el encéfalo y la médula espinal.
El encéfalo, a su vez, se divide en tres porciones: cerebro, cerebelo y tronco encefálico. El cerebro es la parte más voluminosa y se encarga de las funciones psíquicas superiores; el cerebelo de la coordinación motora y el equilibrio; y el tronco encefálico de las funciones vitales automáticas.
El cerebro: hemisferios y lóbulos
El cerebro es la estructura más grande del encéfalo. Está dividido en dos mitades llamadas hemisferios cerebrales: el derecho y el izquierdo. Ambos hemisferios están separados por la cisura longitudinal y comunicados por un conjunto de fibras llamado cuerpo calloso, que permite que intercambien información.
La superficie del cerebro no es lisa, sino que presenta pliegues llamados circunvoluciones; los surcos profundos se denominan cisuras. Gracias a estos pliegues, la corteza cerebral tiene una gran extensión: alrededor de 2200 cm², de los cuales solo un tercio es visible; el resto queda oculto en los surcos.
Los hemisferios se dividen en lóbulos, que reciben el nombre de los huesos del cráneo que los protegen: frontal, parietal, temporal y occipital. Cada lóbulo tiene funciones especializadas.
Vista lateral del cerebro: lóbulos y cisuras principales
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Lóbulo frontal
Es el lóbulo más grande y de maduración más tardía. Su porción más anterior es la corteza prefrontal, responsable de las llamadas funciones ejecutivas: planificar, establecer metas, organizar tareas, priorizar, controlar el progreso de una actividad, inhibir conductas inadecuadas, razonar en abstracto y ser flexible ante los cambios.
Además, el lóbulo frontal contiene la corteza motora, que controla los movimientos voluntarios. No coordina la fineza del movimiento —esa tarea recae sobre el cerebelo—, sino que los planifica y ordena.
Cuando se lesiona la corteza prefrontal, la persona puede mostrar desorganización, falta de planificación, dificultad para inhibir impulsos, cambios de personalidad, conductas socialmente inapropiadas y problemas en la fluidez del habla. Por eso, en la adolescencia, cuando la corteza prefrontal aún no ha madurado del todo, es común cierta dificultad para tomar decisiones, planificar y controlar impulsos.
Lóbulo parietal
Se ubica detrás del frontal, en la parte superior del cerebro. Su función principal es procesar las sensaciones somestésicas: tacto, presión, temperatura, dolor. También interviene en la percepción del espacio, la orientación espacial y la integración sensorial.
Cuando se lesiona, pueden aparecer dificultades para reconocer objetos por el tacto, problemas para reconocer partes del propio cuerpo, y alteraciones como la agrafia (dificultad para escribir) y la acalculia (dificultad para el cálculo).
Lóbulo temporal
Se localiza en los costados del cerebro, cerca de las sienes. Es el asiento de la audición y de la comprensión del lenguaje (área de Wernicke). También participa en el reconocimiento de rostros y en la memoria, porque en su cara interna se encuentra el hipocampo.
Las lesiones del lóbulo temporal pueden provocar dificultades para comprender lo que se escucha, problemas de memoria y alteraciones en el reconocimiento de caras (prosopagnosia).
Lóbulo occipital
Está en la parte posterior del cerebro. Es el centro de la visión: recibe y procesa la información visual. Un daño en este lóbulo puede producir ceguera o dificultades para reconocer visualmente los objetos.
Áreas del lenguaje en la corteza cerebral
El lenguaje es una función compleja que involucra varias zonas de la corteza, generalmente en el hemisferio izquierdo. Las áreas más estudiadas son:
- Área de Broca: ubicada en el lóbulo frontal, generalmente en el hemisferio izquierdo. Es responsable de la producción del habla: articula los sonidos y organiza las palabras en frases. Una lesión produce afasia de Broca, caracterizada por un habla lenta y dificultosa, aunque la comprensión puede estar conservada.
- Área de Wernicke: ubicada en el lóbulo temporal. Es responsable de la comprensión del lenguaje hablado y escrito. Una lesión produce afasia de Wernicke: la persona habla con fluidez, pero sin sentido, y no comprende lo que le dicen.
- Área de Dejerine: se relaciona con la lectura. Permite integrar la información visual para comprender un texto escrito. Su lesión dificulta la lectura.
- Área de Exner: se relaciona con la escritura. Participa en la representación gráfica de las palabras.
Lateralización hemisférica
Aunque los dos hemisferios trabajan juntos, presentan una especialización funcional. Este principio se llama lateralización hemisférica:
- Hemisferio izquierdo: controla el lenguaje, el razonamiento lógico-matemático, el pensamiento analítico y secuencial. También regula el uso preferente de la mano derecha.
- Hemisferio derecho: se especializa en el procesamiento holístico y espacial, la percepción de la interrelación de las cosas en el espacio, la creatividad, la intuición, el reconocimiento de rostros y la expresión emocional.
Estructuras subcorticales y sistema límbico
Debajo de la corteza cerebral se encuentran estructuras profundas que participan en funciones vitales, emocionales y de memoria. Entre las más importantes están el tálamo, el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala.
Tálamo
Es una estación de relevo sensorial. Recibe casi toda la información sensorial (excepto gran parte de la olfatoria) y la envía a la corteza cerebral correspondiente. Por ejemplo, la información visual que llega al lóbulo occipital pasa antes por el tálamo. Por su función integradora, también participa en la regulación de la atención y el estado de alerta.
Hipotálamo
Es una pequeña estructura situada debajo del tálamo, en el diencéfalo. A pesar de su tamaño, es fundamental para la supervivencia y la homeostasis.
El hipotálamo regula:
- La temperatura corporal.
- El hambre, la sed y la saciedad.
- El ciclo sueño-vigilia y los ritmos circadianos.
- El sistema nervioso autónomo (simpático y parasimpático).
- La hipófisis, y a través de ella, al sistema endocrino. Por eso se habla del eje hipotalámico-hipofisiario-endocrino.
Cuando una persona corre bajo el calor y se deshidrata, es el hipotálamo el que detecta el desequilibrio y genera la sensación de sed, al mismo tiempo que activa respuestas para conservar agua. Por eso se dice que es el guardián de la homeostasis.
Hipocampo
El hipocampo se ubica en el lóbulo temporal, en la cara interna del cerebro. Es una estructura clave para la memoria, especialmente para la formación de nuevos recuerdos declarativos (aquellos que podemos expresar verbalmente) y para la memoria espacial y contextual.
El hipocampo no almacena todos los recuerdos de manera permanente, sino que participa en su consolidación: transforma la memoria de corto plazo en memoria de largo plazo. Además, en las experiencias emocionales, aporta la información contextual: dónde, cuándo y en qué circunstancias ocurrió un hecho. Por eso, una lesión del hipocampo genera amnesia anterógrada (dificultad para formar nuevos recuerdos) y problemas para reconocer personas o lugares que se conocieron después de la lesión.
Amígdala
La amígdala es una estructura con forma de almendra situada en el lóbulo temporal, muy cerca del hipocampo. Es una de las estructuras centrales del sistema límbico y se encarga del procesamiento de las emociones, en especial del miedo y de la memoria emocional.
La amígdala asigna carga emocional a los recuerdos y a los estímulos. Por ejemplo, si una persona recuerda un robo que vivió y se pone nerviosa, se está activando su amígdala. La amígdala no actúa exclusivamente a través del hipotálamo; tiene conexiones con la corteza, el tronco encefálico y otras zonas, lo que le permite desencadenar respuestas vegetativas, conductuales y conscientes.
Sistema límbico
El sistema límbico es un conjunto de estructuras interconectadas que regulan las emociones, la motivación y la memoria. Incluye la amígdala, el hipocampo, el hipotálamo, el tálamo y otras zonas como la circunvolución cingulada.
El sistema límbico explica por qué una experiencia emocional intensa se recuerda mejor que una neutra: la amígdala marca el recuerdo como emocionalmente importante y el hipocampo lo consolida con su contexto. Al mismo tiempo, el hipotálamo activa respuestas vegetativas: taquicardia, sudoración, respiración acelerada.
El cerebelo
El cerebelo se encuentra en la parte posterior del cráneo, debajo del lóbulo occipital y detrás del tronco encefálico. Su nombre significa «pequeño cerebro» por su apariencia.
Sus funciones principales son:
- Coordinación de los movimientos voluntarios: hace que los movimientos sean precisos, fluidos y armónicos. Trabaja junto con la corteza frontal, que planifica el movimiento.
- Mantenimiento del equilibrio: mediante conexiones con el sistema vestibular.
- Regulación del tono muscular: la tensión básica de los músculos que permite mantener la postura.
- Aprendizaje de secuencias motoras: como montar bicicleta, nadar o bailar.
Un daño en el cerebelo produce movimientos descoordinados, espasmódicos, temblor al intentar movimientos finos y dificultad para aprender secuencias motoras. No produce parálisis, pero altera la calidad del movimiento.
El tronco encefálico y la formación reticular
El tronco encefálico se sitúa debajo del cerebro y se prolonga hasta la médula espinal. Está formado por tres estructuras, de arriba hacia abajo:
- Mesencéfalo: participa en reflejos visuales y auditivos, y en el control de movimientos oculares.
- Protuberancia anular o puente de Varolio: interviene en la regulación de la respiración y conecta distintas zonas del encéfalo.
- Bulbo raquídeo o médula oblonga: controla funciones vitales automáticas como la respiración, el ritmo cardíaco y la actividad gastrointestinal.
En conjunto, el tronco encefálico ejecuta procesos automatizados vitales y coordina reflejos de orientación ante estímulos novedosos.
En el tronco encefálico se origina una red de neuronas llamada formación reticular. Esta red es responsable del tono cortical y de la vigilia: mantiene al encéfalo despierto y alerta, incluso durante el sueño.
La formación reticular posee dos subsistemas:
- Sistema activador reticular ascendente (SARA): aumenta el tono cortical y regula los procesos mentales. Es la base biológica de la atención sostenida y de algunos niveles de conciencia.
- Sistema reticular descendente (SRD): disminuye el tono cortical, por ejemplo, cuando se produce somnolencia.
Una lesión grave en la formación reticular produce coma.
La médula espinal y el acto reflejo
La médula espinal es un cordón de fibras nerviosas que recorre el interior de la columna vertebral, desde la primera vértebra cervical hasta el margen superior de la segunda vértebra lumbar. Es la vía de comunicación entre el encéfalo y el resto del cuerpo.
Cumple dos grandes funciones:
- Conducir información: transporta impulsos sensoriales hacia el encéfalo (vías aferentes) y órdenes motoras desde el encéfalo hacia los músculos y glándulas (vías eferentes).
- Elaborar respuestas reflejas: integra de forma automática ciertas respuestas rápidas sin necesidad de que intervenga el cerebro.
El acto reflejo es una respuesta automática e involuntaria ante un estímulo, que se produce a través de un circuito llamado arco reflejo. Por ejemplo, si una persona toca una sartén caliente, la información viaja por una neurona sensorial hasta la médula; allí, una interneurona conecta con una neurona motora que ordena al músculo retirar la mano. La respuesta es rapidísima y el cerebro se entera después.
El sistema nervioso periférico
El sistema nervioso periférico está formado por los nervios que salen o entran del encéfalo y de la médula espinal. Se divide en dos porciones funcionales: sistema nervioso somático y sistema nervioso autónomo o vegetativo.
Sistema nervioso somático
Es el sistema de la vida de relación. Controla los movimientos voluntarios de los músculos esqueléticos y transmite la información sensorial consciente.
Está compuesto por:
- 12 pares de nervios craneales, que salen del encéfalo y controlan funciones sensoriales y motoras de la cabeza y el cuello.
- 31 pares de nervios espinales, que salen de la médula espinal y se distribuyen por el cuerpo.
El sistema somático inicia el proceso sensorial a través de sus receptores y ejecuta las órdenes motoras que proceden del SNC. Por ello, está asociado al procesamiento sensorial consciente y a la ejecución de movimientos voluntarios. Además, interviene en los actos reflejos, como vimos con el ejemplo de la sartén caliente.
Sistema nervioso autónomo o vegetativo
El sistema nervioso autónomo controla las funciones involuntarias de las vísceras, los músculos lisos y las glándulas. Actúa de manera independiente de la voluntad, regulando la acción automática de los órganos internos. Interviene de manera directa en las respuestas vegetativas que acompañan a las emociones: taquicardia, sudoración, rubor, respiración acelerada.
Está conformado por dos ramas que funcionan de manera antagónica y están bajo control del hipotálamo:
- Rama simpática: es generalmente excitadora. Prepara al organismo para la acción, el gasto de energía y las situaciones de emergencia o de «lucha o huida». Dilata las pupilas, acelera el corazón y la respiración, inhibe la digestión, produce sudoración.
- Rama parasimpática: es generalmente relajante. Reconstituye la energía y propicia el reposo. Disminuye la frecuencia cardíaca, estimula la digestión, relaja el cuerpo.
Sentidos internos: vestibular y kinestésico
Además de los sentidos externos (vista, oído, tacto, gusto, olfato), existen sentidos internos que informan sobre la posición y el movimiento del cuerpo.
Sentido vestibular: informa sobre el equilibrio y la posición de la cabeza en el espacio. Sus receptores están en el oído interno. La información viaja hacia los núcleos vestibulares del tronco encefálico y el cerebelo. Los mareos, náuseas y vómitos al viajar por carretera o al cruzar la cordillera se explican por una estimulación intensa de este sistema, que desencadena respuestas reflejas.
Sentido kinestésico: informa sobre la posición y el movimiento de las articulaciones y los músculos. Permite saber dónde están las partes del cuerpo sin mirarlas.
Sentido cenestésico: informa sobre el estado interno de los órganos y vísceras (dolor visceral, sensación de hambre, sed).
Ritmos circadianos y el eje hipotalámico-hipofisiario
Los ritmos circadianos son ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas que regulan el sueño, la vigilia, la temperatura corporal, la secreción de hormonas y el metabolismo. Su finalidad es facilitar el desarrollo físico, la homeostasis y el funcionamiento general del cuerpo.
El principal reloj biológico se encuentra en el hipotálamo, específicamente en el núcleo supraquiasmático, que sincroniza estos ritmos con la luz ambiental. El hipotálamo, además, controla la hipófisis, la glándula maestra del sistema endocrino. A través del eje hipotalámico-hipofisiario, regula la secreción de hormonas que actúan sobre la tiroides, las glándulas suprarrenales y las gónadas.
En la pubertad, este eje se activa y estimula directamente a las gónadas (ovarios y testículos), logrando la maduración sexual. Por eso, los cambios físicos y psicológicos de la adolescencia dependen de la interacción entre sistema nervioso y sistema endocrino.
Cuidado
Errores frecuentes
- Confundir amígdala con hipocampo: la amígdala procesa la emoción y la carga emocional de los recuerdos; el hipocampo consolida la memoria y aporta el contexto. No son lo mismo.
- Confundir áreas de Broca y Wernicke: Broca produce el habla; Wernicke comprende el lenguaje. Una lesión en Broca dificulta hablar; una lesión en Wernicke dificulta entender.
- Atribuir al cerebelo la planificación de movimientos: el cerebelo coordina y afina; la corteza frontal planifica y ordena.
- Confundir sistema somático con autónomo: el somático controla músculos esqueléticos de forma voluntaria; el autónomo controla vísceras y glándulas de forma involuntaria.
- Invertir simpático y parasimpático: el simpático activa en emergencias (lucha o huida); el parasimpático relaja y reconstituye energía.
- Creer que el hipotálamo solo regula el hambre: también controla temperatura, sed, sueño, ritmos circadianos, sistema autónomo y sistema endocrino.
- Pensar que la lateralización hemisférica significa que un hemisferio trabaja solo: ambos hemisferios se complementan y están conectados por el cuerpo calloso.
- Confundir formación reticular con sistema límbico: la formación reticular mantiene el alerta y la vigilia; el sistema límbico regula emociones y motivación.
Aprende resolviendo
Ejemplos resueltos
Ejemplo 1 (dificultad baja)
Mientras camina por la calle, Ana escucha un ruido fuerte y gira la cabeza inmediatamente hacia la fuente del sonido. ¿Qué estructura del tronco encefálico participa en este reflejo de orientación?
Paso a paso:
- El enunciado describe una respuesta automática e involuntaria ante un estímulo novedoso.
- El tronco encefálico controla reflejos visuales y auditivos.
- Dentro de él, el mesencéfalo participa en los reflejos de orientación; además, la formación reticular activa el estado de alerta.
- Por tanto, la estructura del tronco encefálico implicada es el mesencéfalo (y la formación reticular en la activación).
Ejemplo 2 (dificultad media)
Felipe sufrió un accidente y, tras recuperarse, presenta las siguientes dificultades: habla con frases fluidas, pero sus oraciones carecen de sentido y no comprende lo que le dicen. ¿Qué área cortical se lesionó probablemente?
Paso a paso:
- El habla fluida indica que la capacidad de articular palabras está conservada.
- La incapacidad de comprender lo que le dicen apunta a un problema de comprensión del lenguaje.
- La comprensión del lenguaje depende del área de Wernicke, ubicada en el lóbulo temporal.
- La afasia de Wernicke se caracteriza exactamente por habla fluida sin sentido y falta de comprensión.
- Por tanto, la lesión probable es en el área de Wernicke.
Ejemplo 3 (dificultad media-alta)
Jaime está en un examen final. Mientras estudia, su memoria y atención se mantienen activas. Al recordar una experiencia difícil, siente que el corazón se acelera y le sudan las manos. ¿Qué estructuras se activan en cada momento?
Paso a paso:
- Durante el estudio, la atención sostenida y la vigilia dependen de la formación reticular, que activa el tono cortical.
- Al recordar una experiencia con carga emocional, se activa la amígdala cerebral, que asigna emoción a los recuerdos.
- La amígdala, a su vez, influye sobre el hipotálamo, que activa el sistema autónomo simpático, produciendo taquicardia y sudoración.
- Por tanto, las estructuras involucradas son: formación reticular, amígdala e hipotálamo, con participación del sistema simpático.
Ejemplo 4 (dificultad alta)
Marisol, de 15 años, tiene dificultades para planificar sus horarios de estudio, se le dificulta inhibir el uso del celular durante clases y toma decisiones impulsivas. Sus profesores notan que, además, se emociona con mucha intensidad ante situaciones sociales. ¿Qué procesos madurativos del sistema nervioso explican mejor su conducta?
Paso a paso:
- Las dificultades para planificar, organizar e inhibir conductas corresponden a las funciones ejecutivas de la corteza prefrontal.
- La corteza prefrontal es una de las últimas estructuras en madurar, y en la adolescencia aún está en desarrollo.
- Al mismo tiempo, el sistema límbico, que regula las emociones, ya está muy activo durante la adolescencia.
- Este desequilibrio entre un sistema límbico maduro/reactivo y una corteza prefrontal inmadura explica la impulsividad y la intensidad emocional.
- Por tanto, la conducta de Marisol se explica por la maduración incompleta de la corteza prefrontal y la alta reactividad del sistema límbico.
Lo que viene
Hacia el siguiente tema
Hemos visto cómo la neurona y las estructuras del sistema nervioso central y periférico explican la conducta, la memoria, la emoción y el movimiento. Sin embargo, el sistema nervioso no actúa solo: está profundamente conectado con el sistema endocrino, que libera hormonas que también influyen en la conducta. En el siguiente tema, Bases biológicas de la conducta II, ampliaremos el estudio de esa interacción, así como otros aspectos de la base biológica del psiquismo.
¿Lo dominas?
Pon a prueba lo que aprendiste
25 preguntas de práctica tipo admisión y 35 preguntas reales de San Marcos, con clave y resolución explicada.
Evaluación del tema
20 preguntas para medir aprendizaje real
Hasta 6 básicas, 8 intermedias y 6 avanzadas; si un nivel no alcanza, se completa con el nivel más cercano. El diagnóstico recomienda una ruta; la evaluación final actualiza el porcentaje y puede marcar el tema como aprendido.
Aprender desde las preguntas
