Tema 63 de 71Historia

República aristocrática II

Estudia la crisis de la República Aristocrática (1908-1919): la fractura civilista, el auge obrero y la Primera Guerra Mundial, para entender el fin de la hegemonía oligárquica.

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El porqué del tema

¿Para qué estudiamos este tema?

En la primera parte de la «República Aristocrática» viste cómo se consolidó un régimen dominado por la oligarquía agroexportadora, organizada en torno al Partido Civil. Ese periodo suele presentarse como una época de estabilidad, pero esa estabilidad era relativa y estaba sostenida sobre la exclusión de las mayorías: campesinos indígenas, obreros y sectores urbanos emergentes.

Esta segunda parte se pregunta por qué un régimen que parecía fuerte comenzó a resquebrajarse y terminó cayendo en 1919. No fue un derrumbe repentino: fue el resultado de la crisis interna del propio civilismo, del ascenso del movimiento obrero, de la presión social en las ciudades y del impacto de la Primera Guerra Mundial sobre la economía peruana.

Estudiar este tema te permitirá entender cómo se pasó de la hegemonía del Partido Civil al gobierno personalista de Augusto B. Leguía, es decir, del mundo aristocrático al Oncenio. Además, aquí aparecen procesos que San Marcos pregunta con frecuencia: el movimiento obrero anarquista, la lucha por las ocho horas de trabajo, las tensiones entre el Ejecutivo civilista y los presidentes reformistas, y el contexto internacional de la Primera Guerra Mundial.

Antes de empezar

Lo que necesitas saber antes

Conviene recordar tres ideas del tema anterior.

Primero, la «República Aristocrática» fue el periodo en que la oligarquía agroexportadora monopolizó el poder político. Su instrumento principal fue el Partido Civil, y su base económica fueron los grandes latifundios de la costa y los enclaves capitalistas de la sierra y la selva.

Segundo, la exclusión electoral era una pieza central del régimen: la reforma electoral de 1896, durante el gobierno de Piérola, estableció que solo podían votar los varones que sabían leer y escribir. Eso dejó fuera del voto a la mayoría indígena y campesina.

Tercero, el contexto internacional era el imperialismo y la demanda de materias primas. El Perú exportaba azúcar, algodón, lana, cobre y caucho, principalmente hacia Inglaterra y Estados Unidos. Esta economía primario-exportadora generaba riqueza para la élite, pero también creaba nuevas tensiones sociales, especialmente en ciudades como Lima, Callao y Vitarte.

En esta segunda parte nos concentramos en la coyuntura que va aproximadamente desde 1908 hasta 1919, cuando el régimen aristocrático entró en crisis definitiva.

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1. 1908: el punto de giro y la crisis interna del civilismo

1908 no es simplemente un cambio de presidente. Es el año en que asume por primera vez la presidencia Augusto B. Leguía, y con él comienza a hacerse visible una fractura dentro de la propia élite civilista.

Hasta entonces, el Partido Civil había funcionado como un club político de grandes hacendados, banqueros y profesionales vinculados a la agroexportación. Las decisiones se tomaban en círculos cerrados: los Pardo, los Aspíllaga, los Prado, los Leguía, los Miró Quesada. Pero dentro de esa élite existían sensibilidades distintas.

Algunos civilistas, los más tradicionales, querían mantener un régimen limitado, con poca intervención estatal y acuerdos estables con el capital británico. Otros, en cambio, veían la necesidad de modernizar el Estado, integrar más a los sectores urbanos y abrirse también al capital estadounidense. Leguía representó a este segundo grupo.

A este choque se le conoce como la división entre «viejos civilistas» y «jóvenes civilistas». No era solo una cuestión de edades: era una disputa por el control del partido y por el modelo de dominación política.

Los gobiernos anteriores habían podido contener estas diferencias, pero desde 1908 la disputa se convirtió en un factor permanente de inestabilidad.

💡 Dato clave: la palabra «aristocrática» no debe hacerte pensar en un régimen sin conflictos. Al contrario, la segunda parte del periodo muestra que la élite no era un bloque homogéneo, y que sus disputas internas abrieron espacios para la movilización social.

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2. El trasfondo ideológico: del socialismo utópico al anarquismo

Para entender el movimiento obrero peruano de estos años, primero hay que mirar a Europa. Allí, durante el siglo XIX, la industrialización había generado una cuestión social: la explotación de los trabajadores, la miseria urbana y la desigualdad extrema.

Distintas corrientes ideológicas intentaron responder a ese problema.

2.1. El socialismo utópico

El socialismo utópico fue una de las primeras respuestas. Sus representantes más conocidos fueron Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen. Todos ellos criticaban el capitalismo, pero no creían que la solución estuviera en la lucha violenta de clases. Pensaban que era posible transformar la sociedad mediante la razón, la educación y la buena voluntad de las personas.

Owen, por ejemplo, era un industrial británico que defendía la idea de que el avance científico e industrial debía servir a toda la sociedad, no solo a los capitalistas. Para lograrlo, proponía la formación de cooperativas de producción y consumo, es decir, organizaciones de trabajadores que administraran colectivamente sus recursos sin depender de un patrón capitalista.

Esta propuesta es importante porque muestra la diferencia entre el socialismo utópico y el socialismo científico de Marx. Los utópicos apostaban por la colaboración entre clases; Marx, en cambio, sostenía que la burguesía y el proletariado eran clases antagónicas, y que solo la revolución podía acabar con la explotación.

2.2. El socialismo científico y el anarquismo

El socialismo científico, desarrollado por Karl Marx y Friedrich Engels, partía de la lucha de clases y proponía la revolución obrera, la dictadura del proletariado y la abolición de la propiedad privada capitalista.

El anarquismo, en cambio, desconfiaba de toda forma de Estado, incluso del Estado obrero que proponía Marx. Para los anarquistas, el Estado era el instrumento central de dominación. Su consigna era la libertad absoluta del individuo, la eliminación del Estado y la organización libre de los trabajadores. En el plano sindical, el anarquismo impulsó el anarcosindicalismo, es decir, la acción directa de los sindicatos a través de huelgas, boicots y protestas.

Esta última corriente fue la que más influyó en el movimiento obrero peruano de la República Aristocrática, especialmente en Lima y Callao.

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3. El movimiento obrero peruano: de la mutualidad al anarcosindicalismo

3.1. El escenario social

A comienzos del siglo XX, el Perú no era un país industrializado. La economía seguía siendo sobre todo agraria y minera. Sin embargo, en Lima, Callao, Vitarte y otras ciudades costeras habían crecido pequeños núcleos industriales: fábricas textiles, panaderías, talleres, empresas de servicios.

También existían trabajadores portuarios, obreros de construcción, jornaleros y artesanos. Eran sectores urbanos con condiciones laborales duras: jornadas largas, salarios bajos, viviendas precarias y poca o ninguna protección legal.

A estos trabajadores urbanos se sumaban otros sectores explotados: los campesinos indígenas de la sierra, sujetos al yanaconaje y al enganche, y los indígenas amazónicos sometidos a las correrías para extraer caucho.

3.2. Mutualismo y anarquismo

En un primer momento, los trabajadores se organizaron en sociedades mutualistas. El mutualismo era una forma de ayuda mutua: los afiliados aportaban cuotas y recibían beneficios en caso de enfermedad, accidente o muerte. No buscaba confrontar al Estado ni al capital, solo proteger a sus miembros.

Con el tiempo, sin embargo, surgió un sindicalismo más combativo, influenciado por el anarquismo. Los anarquistas consideraban que la mutualidad era insuficiente. Para ellos, los trabajadores debían organizarse en sindicatos y luchar por sus derechos mediante la huelga y la acción directa.

El gran ideólogo del anarquismo peruano fue Manuel González Prada. Aunque provenía de la élite y era sobre todo un intelectual, su crítica al régimen oligárquico y su defensa de la libertad individual lo convirtieron en una figura clave para la formación ideológica de los primeros anarquistas peruanos.

La prensa libertaria fue fundamental para difundir estas ideas. Diarios como La Protesta y Los Parias denunciaban las condiciones de los trabajadores y llamaban a la organización autónoma.

Es importante no confundir el anarquismo con el socialismo utópico ni con el socialismo científico. El anarquismo no proponía cooperar con los capitalistas, como Owen, ni la dictadura del proletariado, como Marx. Defendía la abolición del Estado, el anticlericalismo y la gestión directa de la sociedad por los trabajadores.

3.3. Las primeras huelgas

Las primeras huelgas importantes del siglo XX peruano se produjeron en este contexto.

En 1905, el sindicato de panaderos «Estrella del Perú», de orientación anarquista, impulsó la primera huelga que reclamó la jornada de ocho horas. Aunque no logró convertir esa demanda en ley, sentó un precedente.

Más adelante, durante el primer gobierno de Leguía, en 1911, los obreros textiles de Vitarte protagonizaron el primer paro general. Esto mostró que el movimiento obrero ya no era un conjunto de mutualidades aisladas, sino un actor social con capacidad de paralizar la producción.

En el primer gobierno de José Pardo (1904-1908) se había presentado el proyecto Matías Manzanilla, que buscaba reformas legislativas en favor de los obreros. Ese proyecto no fue aprobado, lo que refleja la resistencia de la élite civilista a otorgar derechos laborales.

Etapa Tipo de organización Ideología dominante Objetivo principal Actitud frente al Estado
Primera etapa Sociedades mutualistas Asistencialismo y reformismo Ayuda mutua y protección social Colaboración o presión moderada
Segunda etapa Sindicatos y federaciones Anarquismo y anarcosindicalismo Huelgas, acción directa, jornada de 8 horas Enfrentamiento, rechazo del Estado

Este cuadro te ayuda a entender el salto del mutualismo al anarcosindicalismo, uno de los procesos más preguntados en los exámenes de admisión.

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4. La crisis política: Leguía y la división del civilismo (1908-1912)

4.1. Los viejos y los jóvenes civilistas

Cuando Augusto B. Leguía asumió la presidencia en 1908, muchos civilistas tradicionales esperaban que continuara las políticas de la oligarquía sin mayores cambios. Pero Leguía tenía un estilo distinto: más personalista, más interesado en ampliar sus propias bases de apoyo y más dispuesto a dialogar con sectores urbanos.

Eso produjo la fractura del Partido Civil entre:

  • Civilistas tradicionales o «viejos», vinculados al mundo de los grandes hacendados y a la política de acuerdos oligárquicos.
  • Civilistas reformistas o «jóvenes», más cercanos a Leguía, con una visión modernizadora y cierta apertura social.

La división debilitó al partido y convirtió las elecciones en disputas cada vez más difíciles. Ya no se trataba de una élite compacta que se turnaba el poder, sino de facciones enfrentadas.

4.2. La relación con los trabajadores

Leguía fue el primer presidente del siglo XX que intentó una política laboral algo más flexible.

Durante su gobierno se produjo el paro general de los obreros textiles de Vitarte en 1911. En este contexto, se dieron algunos avances legales, aunque limitados.

Se promulgó la Ley de Accidentes de Trabajo, que obligaba a los empleadores a indemnizar a los trabajadores accidentados. Vista desde hoy parece una medida menor, pero en su momento fue un reconocimiento importante de la necesidad de regular las relaciones laborales.

Sin embargo, Leguía no fue un presidente obrerista. Su acercamiento a los trabajadores fue sobre todo pragmático: buscaba ampliar su base política frente al sector civilista tradicional. No apostó por un cambio profundo del régimen oligárquico.

4.3. Los tratados de límites

En el plano internacional, el primer gobierno de Leguía firmó dos tratados limítrofes importantes.

Con Bolivia se firmó el Tratado Polo-Bustamante, que fijó parte de la frontera en la zona oriental.

Con Brasil se firmó el Tratado Velarde-Río Branco, que dio estabilidad a la frontera amazónica.

Estos tratados formaron parte de una política de delimitación de fronteras y de inserción del Perú en el orden sudamericano de la época. No resolvieron todos los problemas territoriales, pero mostraron la orientación diplomática del régimen.

4.4. La derrota del civilismo en 1912

La consecuencia más visible de la crisis del Partido Civil se produjo en las elecciones de 1912.

El candidato civilista Antero Aspíllaga representaba la continuidad del régimen oligárquico. Frente a él se presentó Guillermo Billinghurst, miembro del Partido Demócrata, con un discurso orientado a los sectores urbanos y obreros.

Billinghurst ganó las elecciones y el civilismo sufrió una derrota simbólica. No era una revolución, pero sí la señal de que el monopolio político del Partido Civil ya no era absoluto.

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5. Billinghurst: el primer populismo peruano (1912-1914)

5.1. El «pan grande»

Guillermo Billinghurst no era un obrero ni un revolucionario. Era un hombre de la élite, vinculado al salitre y a los negocios. Sin embargo, comprendió que podía gobernar apoyándose en los sectores urbanos y obreros, al margen de la maquinaria civilista.

Su lema fue el «pan grande», una imagen sencilla que prometía mejores condiciones de vida para los más pobres. Con ese discurso logró movilizar a trabajadores, artesanos y sectores medios limeños.

5.2. La relación con el movimiento obrero

Billinghurst adoptó una actitud inédita frente al movimiento obrero.

En lugar de reprimir sistemáticamente las huelgas, se mostró dispuesto a dialogar con los dirigentes sindicales. Durante su breve gobierno se reconoció el derecho a huelga y se avanzó parcialmente en la jornada de ocho horas para ciertos trabajadores [VERIFICAR: el alcance exacto de estas medidas, pues las fuentes mencionan una «jornada parcial laboral de ocho horas»].

Su política generó una reacción furiosa de la oligarquía civilista, que lo veía como un peligro para el orden social.

5.3. El golpe de 1914

El Congreso, controlado por el civilismo, se convirtió en el principal enemigo de Billinghurst. El enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo llegó a un punto muerto.

En 1914, el coronel Óscar R. Benavides encabezó un golpe de Estado que derrocó a Billinghurst. No fue una intervención militar ajena a la élite: fue, sobre todo, una restauración del poder oligárquico frente a un presidente que se había salido del libreto.

El golpe contra Billinghurst tiene una lección importante: cuando el presidente intentó ampliar el espacio político hacia los sectores populares, la élite reaccionó con la fuerza. Esa contradicción explica en gran parte la dinámica política de esta segunda etapa.

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6. La transición de Benavides (1914-1915)

Óscar R. Benavides asumió un gobierno provisorio tras el golpe de 1914. Su tarea era simple: devolver el poder a los sectores oligárquicos y garantizar una transición ordenada.

Convocó a elecciones y entregó el mando en 1915. Su gobierno no tuvo grandes reformas ni transformaciones. Fue un puente entre la crisis de Billinghurst y la restauración del civilismo.

Un dato de contexto es importante: en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. Al principio, la guerra generó incertidumbre en la economía peruana, pero muy pronto se convirtió en una oportunidad para los grandes exportadores.

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7. El segundo gobierno de José Pardo (1915-1919): auge y estallido social

7.1. La Primera Guerra Mundial y el auge exportador

El segundo gobierno de José Pardo coincidió con la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

La guerra elevó la demanda de materias primas que el Perú producía: azúcar, algodón, lana, cobre y caucho. Las potencias en conflicto necesitaban alimentos, textiles, metales y materias primas para sostener la guerra.

Esto produjo un auge exportador. Los grandes hacendados costeños, los mineros y las casas comerciales obtuvieron ganancias enormes. Fue, quizás, el momento de mayor esplendor económico de la oligarquía agroexportadora.

Pero ese auge tuvo un costo social.

7.2. La carestía de subsistencias

Mientras las exportaciones crecían, los precios de los alimentos en las ciudades también subían. Los sectores populares de Lima y Callao sufrían el aumento del costo de vida y la escasez de productos de primera necesidad.

Esta contradicción era explosiva: la élite exportadora ganaba más que nunca, pero los obreros y los sectores urbanos apenas podían comer.

El malestar social se expresó en huelgas, protestas y en la formación de comités de abaratamiento de las subsistencias.

7.3. La lucha por las ocho horas

En enero de 1919, el movimiento obrero limeño alcanzó su mayor triunfo.

Se organizó una gran huelga general en Lima y Callao exigiendo la jornada de ocho horas. Los trabajadores textiles, panaderos, portuarios y otros gremios paralizaron la ciudad. El movimiento contó con el apoyo de estudiantes universitarios y de sectores medios.

Un hecho significativo fue la participación de dirigentes estudiantiles como Víctor Raúl Haya de la Torre, quien acompañó a los obreros en sus demandas.

El gobierno de Pardo, presionado por la magnitud de la movilización, aceptó la demanda. El 15 de enero de 1919 se decretó la jornada de ocho horas para los trabajadores.

Fue la primera gran conquista social del siglo XX peruano. No fue una concesión espontánea de la élite: fue el resultado de la organización obrera, de la huelga general y de la presión callejera.

7.4. El significado de 1919

El triunfo de las ocho horas fue, al mismo tiempo, una victoria del movimiento obrero y una señal del desgaste del régimen aristocrático.

La oligarquía ya no podía contener las demandas sociales solo con represión. Necesitaba hacer concesiones, y esas concesiones fortalecían a los sectores que cuestionaban su poder.

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8. El indigenismo y la crítica social

8.1. La Asociación Pro-Indígena

Mientras el movimiento obrero crecía en las ciudades, en la sierra continuaba la explotación de los campesinos indígenas.

En 1909 se creó la Asociación Pro-Indígena, impulsada por Pedro Zulen y Dora Mayer. Esta organización denunció los abusos de los gamonales, el yanaconaje y el enganche.

La Asociación no promovió una revolución campesina, pero visibilizó la situación de los indígenas y abrió el camino para posteriores movimientos indigenistas.

8.2. González Prada y la crítica al régimen

Manuel González Prada fue una de las voces más duras contra la oligarquía.

Su pensamiento evolucionó desde el radicalismo liberal hacia el anarquismo. En textos como Nuestros indios, cuestionó la explotación de la población indígena y la responsabilidad de la élite criolla en esa situación.

González Prada no fue un organizador sindical, pero su obra influyó en la formación ideológica de anarquistas, obreros e intelectuales disidentes.

8.3. La Generación del 900

En el plano intelectual, la llamada Generación del 900 produjo una revisión del Perú y de su historia.

José de la Riva-Agüero, Víctor Andrés Belaunde y Francisco García Calderón, entre otros, reflexionaron sobre la identidad nacional, el papel de la oligarquía y el futuro del país. No todos fueron críticos radicales, pero sus obras prepararon el terreno para debates posteriores, como los que protagonizarán José Carlos Mariátegui y Haya de la Torre en la década de 1920.

La crítica social de esta época no se limitó al movimiento obrero. También se expresó en el indigenismo, en la literatura y en los círculos universitarios.

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9. El derrumbe de la República Aristocrática (1919)

En 1919 se convocaron elecciones.

Augusto B. Leguía se presentó nuevamente, ahora con un discurso antioligárquico y modernizador. Frente a él, el civilismo tradicional lanzó la candidatura de Antero Aspíllaga.

Leguía contó con el apoyo de estudiantes, obreros y sectores medios que esperaban una renovación política. Denunció que el proceso electoral estaba manipulado por el civilismo y, en julio de 1919, dio un golpe de Estado.

Ese golpe marcó el fin de la República Aristocrática.

No fue un simple acto de ambición personal. Fue la culminación de una crisis más profunda. El Partido Civil ya no podía contener sus propias divisiones internas. El movimiento obrero había mostrado su fuerza en las calles. La economía agroexportadora, pese al auge de la guerra, no había resuelto la desigualdad social. Y los sectores urbanos buscaban una salida política fuera del círculo oligárquico.

Con Leguía se abrió una nueva etapa: el Oncenio.


Cuidado

Errores frecuentes

1. Creer que la República Aristocrática terminó por un golpe militar clásico.
El golpe de 1919 es distinto del de 1914. En 1914, Benavides derrocó a Billinghurst para restaurar el poder civilista inmediato. En 1919, Leguía capitalizó la crisis social y política para inaugurar un proyecto propio. El actor central no es una junta militar, sino un caudillo civil con bases urbanas.

2. Confundir anarquismo con socialismo utópico o con socialismo científico.
El socialismo utópico proponía cooperación entre clases y cooperativas, como Owen. El socialismo científico proponía revolución y dictadura del proletariado. El anarquismo rechazaba el Estado y confiaba en la acción directa. Fue esta última corriente la que predominó en el movimiento obrero peruano de la época.

3. Pensar que las ocho horas se lograron en el gobierno de Billinghurst.
Billinghurst tuvo gestos de acercamiento y avances parciales, pero la jornada general de ocho horas se conquistó en 1919, durante el segundo gobierno de José Pardo, como resultado de la huelga general.

4. Asumir que el auge exportador de la Primera Guerra Mundial benefició a toda la sociedad.
Benefició sobre todo a la oligarquía agroexportadora. En las ciudades, la guerra generó carestía y malestar. De ahí la paradoja: más ganancias para la élite y más protestas sociales al mismo tiempo.

5. Reducir el fin del periodo a un solo factor.
El derrumbe de la República Aristocrática fue multicausal: división del civilismo, presión obrera, crisis social urbana, contradicciones del modelo exportador y oportunismo de Leguía.


Aprende resolviendo

Ejemplos resueltos

Ejemplo 1 (dificultad básica)

Pregunta:
¿Por qué el año 1908 suele considerarse un punto de giro en la historia de la República Aristocrática?

Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.

Ejemplo 2 (dificultad intermedia)

Pregunta:
¿Qué diferenciaba al anarquismo, que influyó en el movimiento obrero peruano, del socialismo utópico europeo?

Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.

Ejemplo 3 (dificultad avanzada)

Pregunta:
Durante el segundo gobierno de José Pardo, la Primera Guerra Mundial favoreció las exportaciones peruanas. Sin embargo, en 1919 estalló una gran huelga en Lima y Callao. ¿Cómo se relacionan ambos procesos?

Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.

Ejemplo 4 (dificultad alta)

Pregunta:
El golpe de Estado de Leguía en 1919 suele explicarse como el fin de la República Aristocrática. ¿Fue únicamente una ambición personal de Leguía? Fundamenta tu respuesta.

Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.

Lo que viene

Hacia el siguiente tema

Con el golpe de Leguía en 1919 no terminó la oligarquía como grupo económico, pero sí terminó su forma de dominación política directa a través del civilismo. El siguiente tema, el Oncenio, te mostrará cómo Leguía construyó un régimen autoritario y personalista, apoyado en el capital estadounidense y en un discurso modernizador. Muchas promesas que llevaron a Leguía al poder, como la inclusión de los sectores medios y el enfrentamiento con el civilismo, se reconfigurarán durante sus once años de gobierno.

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